En dos años pasé de un 87% de trabajo operativo a liderar proyectos estratégicos, sin dejar de sostener toda la operación.
Cuando empecé, ese 87% se me iba en ejecutar. El 13% restante era todo lo que tenía para pensar cómo mejorar las cosas.
Así que empecé por mi propia operación: medí dónde se me iba el tiempo, detecté tareas repetitivas y problemas que resolvíamos una y otra vez, y fui eliminando, simplificando y automatizando lo que tenía sentido.
Ahí entendí que la parte difícil no es encontrar una herramienta. Es saber qué merece la pena cambiar.
Cómo llegué hasta aquí
También aprendí equivocándome: he automatizado cosas que no merecía la pena automatizar y he resuelto problemas que parecían importantes pero no eran la causa de lo que quería arreglar.
En dos años pasé de ejecutar el día a día a liderar proyectos de mejora, rediseño de procesos y proyectos estratégicos, sin dejar de sostener toda la operación. Amazon, los envíos internacionales, los procesos aduaneros y la reposición funcionan sobre procesos altamente automatizados, y eso me deja dedicar la mayor parte del tiempo a analizar y decidir en lugar de repetir tareas.
Entré haciendo prácticas de marketing y sin experiencia previa en logística. Fui aprendiendo desde dentro, con problemas que había que resolver de verdad. De ahí nace Método Furió.